Uno de los asuntos capitales de
la astrología es la salvaguarda de la ética, así como la observación de las
buenas prácticas y conductas. La honestidad y el buen hacer es uno de los
aspectos más importantes de esta rama del conocimiento, que nos llevará por un
camino recto y de moralidad. Pero qué ocurre cuando nos apartamos de ciertos
decálogos, cuando no observamos ciertas formas y cuando perdemos la perspectiva
de la realidad. Son muchos los astrólogos que han sucumbido ante determinados
hechos, y han perdido algo más que una equilibrada visión de la realidad. Recuerdo
que a finales de los años setenta, un profesor de astrología nos recordaba que
no debemos meternos “en camisas de once varas” y que la astrología tiene sus
límites, y exceder estos términos puede tener sus riesgos. Pero a veces uno se equivoca y cree que hace
lo correcto. Tal puede ser el caso de Karl E. Krafft, astrólogo nacido en
Basilea (Suiza) y que ayudó con sus pronósticos al régimen alemán de la II
Guerra Mundial. Muchos dicen que Krafft era algo más que un encantador y que
igualmente buscaba algo más en el mundo, sobre la búsqueda de este astrólogo
poco se sabe, salvo que recorrió las principales capitales europeas estudiando
matemáticas y estadística, al tiempo que sus conocimientos sobre determinadas
materias sobresalían de lo habitual.
Es muy probable que su propia
búsqueda fuera coincidente por la emprendida en la Alemania Nazi, y que ambas
se movieran en la misma dirección, el caso es que Krafft se metió “en camisas
de muchas varas”, llegando un momento en que ya no podía parar. Sus métodos
fueron muy reconocidos y certeros, entrando de lleno en la vida de Hitler y de
sus acompañantes, llamando poderosamente la atención, y por ello soportando una
vigilancia que le acompañaría hasta el fin de sus días, cuando falleció el 8 de
enero de 1.945, en el campo de concentración de Buchenwald, Weimar, en Alemania.
La intuición de muchos coincide en pensar que Karl Krafft, era algo más y sobre
todo, buscaba algo más, una búsqueda que le llevó a la muerte y que sus
implicaciones con el régimen alemán de aquel tiempo le hizo quedar mal parado. Según
Rafael Lafuente, astrólogo malagueño de los años setenta y ochenta, que conoció
a Krafft durante los años treinta en Alemania, decía que con Krafft nunca se
sabía toda la verdad y que siempre manejaba una segunda y oscura parte, otras
opciones que no dejaba ver y que solo eran de su pertenencia, capital que se
llevó consigo aquel enero de 1.945.






