martes, 27 de marzo de 2018

NO DISPAREN AL ASTRÓLOGO


Uno de los asuntos capitales de la astrología es la salvaguarda de la ética, así como la observación de las buenas prácticas y conductas. La honestidad y el buen hacer es uno de los aspectos más importantes de esta rama del conocimiento, que nos llevará por un camino recto y de moralidad. Pero qué ocurre cuando nos apartamos de ciertos decálogos, cuando no observamos ciertas formas y cuando perdemos la perspectiva de la realidad. Son muchos los astrólogos que han sucumbido ante determinados hechos, y han perdido algo más que una equilibrada visión de la realidad. Recuerdo que a finales de los años setenta, un profesor de astrología nos recordaba que no debemos meternos “en camisas de once varas” y que la astrología tiene sus límites, y exceder estos términos puede tener sus riesgos.  Pero a veces uno se equivoca y cree que hace lo correcto. Tal puede ser el caso de Karl E. Krafft, astrólogo nacido en Basilea (Suiza) y que ayudó con sus pronósticos al régimen alemán de la II Guerra Mundial. Muchos dicen que Krafft era algo más que un encantador y que igualmente buscaba algo más en el mundo, sobre la búsqueda de este astrólogo poco se sabe, salvo que recorrió las principales capitales europeas estudiando matemáticas y estadística, al tiempo que sus conocimientos sobre determinadas materias sobresalían de lo habitual.

Es muy probable que su propia búsqueda fuera coincidente por la emprendida en la Alemania Nazi, y que ambas se movieran en la misma dirección, el caso es que Krafft se metió “en camisas de muchas varas”, llegando un momento en que ya no podía parar. Sus métodos fueron muy reconocidos y certeros, entrando de lleno en la vida de Hitler y de sus acompañantes, llamando poderosamente la atención, y por ello soportando una vigilancia que le acompañaría hasta el fin de sus días, cuando falleció el 8 de enero de 1.945, en el campo de concentración de Buchenwald, Weimar, en Alemania. La intuición de muchos coincide en pensar que Karl Krafft, era algo más y sobre todo, buscaba algo más, una búsqueda que le llevó a la muerte y que sus implicaciones con el régimen alemán de aquel tiempo le hizo quedar mal parado. Según Rafael Lafuente, astrólogo malagueño de los años setenta y ochenta, que conoció a Krafft durante los años treinta en Alemania, decía que con Krafft nunca se sabía toda la verdad y que siempre manejaba una segunda y oscura parte, otras opciones que no dejaba ver y que solo eran de su pertenencia, capital que se llevó consigo aquel enero de 1.945.


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