Neptuno es un planeta más propio
de nuestros sueños que de la realidad que nos rodea, pues esa iluminación,
disolución y nebulosidad, forman parte de un espacio más onírico que real, pero
hay momentos, incluso largos periodos en que el sueño se diferencia poco de la
vigilia, donde se vive una inspiración constante y el contexto de la vida se
percibe con una gran fuerza. Hay personas cuya sensibilidad traspasa cualquier
frontera, pues poseen una intuición que sitúa a la propia realidad en un plano
diferente, y la vida transcurre bajo un color distinto respecto a la visión de
los demás. Una profunda conexión, así como visiones y potentes analogías, hacen de estos individuos
algo especial, cuyo estilo y perfil pueden inquietar a los demás, al no
entender ese mecanismo por el que siempre llegan a la verdad. Hace unos días y
durante una consulta pude sorprenderme, pues la persona que tenía delante
realizaba una serie de relaciones bastante curiosas respecto a su entorno, y
sobre las personas que formaban parte de su vida, pues a cada una de ellas le
había asignado una carta del Tarot, un arcano que servía para definir y
entender la personalidad del sujeto o familiar, del tal forma que su hermana
era “la Emperatriz”, su médico “El Papa” y a veces incluso “El Mago”, su
exmarido “El diablo”, uno de sus compañeros de trabajo “El Colgado”, pues su
desinterés y pasividad le hacían acreedor de este arcano, su hijo estaba
simbolizado por “La Estrella”, y su mejor amiga por “La Papisa”, y así
sucesivamente había etiquetado en su memoria e intuición los perfiles de las
personas más cercanas e influyentes en su vida. Es una forma de estar conectado
a la propia intuición, de vivir “en modo” Neptuno y hacer que nuestro mundo se
mueva de un modo diferente.

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