El ejercicio de la astrología
nunca ha sido fácil y a pesar de ser una de las ramas del saber más antiguas de
nuestro mundo, siempre se encuentra en ese espacio sin definir donde muchos no
saben bien donde ponerla. Algunos la entienden como una ciencia, otros como un
arte y durante los últimos años aumenta la tendencia en concebirla como una
creencia. Tal vez, sea un poco de todo y tenga algo de cada uno de éstos
elementos, con independencia de que cada cual la contemple del modo que mejor
la entienda. Al contrario de lo que muchos puedan creer, el pronóstico no es la
razón principal de la Astrología, si bien lo observamos como una consecuencia
de la misma, como una acción o posibilidad más que nos ofrece, pues para
muchos, las razones principales de la astrología es el conocimiento general de
nuestro mundo, y la predicción es un corolario más de este conjunto de
conocimientos. Establecer un buen pronóstico es llegar a la verdad, y a la misma
puede llegarse por muchos caminos, siendo muy probable que la Astrología nos
ofrezca una de esas vías, pero entender un futuro probable, llegar a contemplar
un estadio próximo tiene sus dificultades y sobre todo, sus límites. A veces,
cuando encadenamos una serie de aciertos por lo general tendemos a desear más,
a querer lo imposible y ambicionar cuestiones que están fuera de los fines de
la astrología, provocando nuestra frustración y desengaño, exigiendo unos términos,
a veces absurdos, que están muy lejos de una seria propuesta de tendencias
futuras, y tal vez, es cuando llega el momento de desear, con todos mis
respetos, más que un pronóstico, una adivinanza.

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