lunes, 19 de mayo de 2014

CRÓNICA DE UNA BODA ANUNCIADA

Hace unos años una gran amiga me hizo una pregunta trascendente, se trataba de una cuestión importante para ella y según me decía, quería de una vez por todas, que su vida cambiara, quería casarse y darle la vuelta a todo lo que había tenido hasta el ese momento. En primer lugar, la consulta se trataba si iba a casarse y en segundo lugar, cuando. Después de varias relaciones fracasadas, mi amiga comenzó a desanimarse y a perder cierta esperanza en mantener una relación estable, pero no era una simple relación lo que ella quería, ella deseaba encontrar la persona definitiva y casarse. Esta cuestión matrimonial comenzó a obsesionarla y más que nada, a perder la paciencia; cuando vino a verme percibí en ella cierto grado de angustia y estrés, pues todo este asunto la estaba superando.

En el curso de la conversación, logré calmarla y hacerle ver que si esa persona aún no había llegado a su vida, era por un serio motivo. Conocía bien su mapa astrológico natal y sabía que no había muchos problemas para que el matrimonio se hiciera una realidad en su vida, y que solo había que encontrar el momento adecuado. Por aquel tiempo mi amiga no tenía pareja y un pronóstico en este sentido era algo realmente arriesgado. Con todo ello, puse mi ordenador en marchar y bajo la atenta mirada de mi amiga en la pantalla del mismo, fui observando las distintas y futuras Revoluciones Solares u horóscopos anuales de la consultante.

No hubo que esperar mucho hasta que apareció. El cosmograma anual que ilustra este comentario señala al Sol y Venus en conjunción en la Casa VII, y esto ocurriría dos años después de nuestro encuentro. Le dije que casi con total seguridad, a dos años vista había boda, una relación como la que ella deseaba y dado su estado en aquel momento no podía creerlo. Una vez encontrado el año donde con toda probabilidad contraería matrimonio, seguimos buscando en las Revoluciones lunares, es decir, en los horóscopos mensuales hasta encontrar la misma seña de identidad que hallábamos en el horóscopo anual, el Sol y Venus en la Casa VII del matrimonio.

Ya teníamos el año y el mes del acontecimiento, los tránsitos planetarios nos acercarían a los días en que se materializaría el pronóstico y en ese momento, entre bromas, elegimos un determinado día para la futura boda, donde puedo deciros que nos faltaba algo esencial: la futura pareja, el novio. De esto hace ya cuatro años y os diré que desde entonces he ganado a otro gran amigo: el marido de mi amiga. El desarrollo de los acontecimientos fue tal cual, y solo nos equivocamos en una semana sobre la fecha de la boda, pues el fin de semana elegido y pronosticado no pudo ser y la boda se formalizó al siguiente. Fue toda una crónica de una boda anunciada, pues durante todo este tiempo estuve en estrecho contacto con mi amiga que me mantuvo al corriente de los acontecimientos.

Por experiencia sé que cuando determinadas configuraciones se presentan, las tendencias son muy fuertes y los caminos en ese momento se nos muestran parecen ser los únicos, o al menos los más ideales. No hace falta que os diga que asistí a la boda y durante la celebración, entre copa y copa, mi reflexión fue si no había sido un servidor el artífice de todo aquello, el creador de aquel futuro, o lo había sido la persona interesada, o simplemente el destino…, o todas esas fuerzas conjugadas a un mismo tiempo y con un mismo fin.

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