lunes, 23 de septiembre de 2024

UNA SINASTRÍA SINGULAR, NI CONTIGO NI SIN TI

En el mundo una de las cuestiones más complejas, tal vez sean las relaciones personales pues cada uno de nosotros estamos sujetos a las propias singularidades, y cuando entramos en relación con los demás, ya sea por razones o vínculos de amistad, de familiaridad o por amor, nuestras vibraciones se entrelazan con las que tenemos enfrente dando unos determinados resultados, que no siempre son los deseados. La Sinastría es una de las áreas o especialidades que estudia este hecho, pues mediante el estudio de los distintos elementos horoscópicos determina el grado de compatibilidad, enfocando dicho análisis en explicar el comportamiento de la relación que hay entre las personas, ayudando a entender y en ocasiones predecir, los posibles patrones que estas seguirán; pudiéndose sacar partido de los puntos en que armonizarán y previniendo los aspectos en los que desarmonizarán.

La observación y estudio de dos cartas natales mediante las técnicas de Sinastría nos dice mucho de las relaciones que dos personas pueden mantener, si son sostenibles en el tiempo o, por el contrario, son poco armónicas, y esto vale para amigos, socios familiares y sobre todo para las parejas con las que se pretende vivir toda una vida, aunque a veces este análisis no es tan simple y por lo general suele tener sus complicaciones. Quisiera contarles una breve semblanza sobre una mujer y su experiencia en una relación de pareja y la Sinastría. Conoció al hombre con el que posteriormente mantendría una relación de pareja en circunstancias relacionadas con el trabajo, y durante los primeros meses todo fue de maravilla, sintiendo una verdadera conexión y extraordinario vínculo tanto íntimo como espiritual; era el perfil que siempre había querido, un hombre ilustrado, comprometido y con todas esas cualidades que había deseado para su pareja.

Pasaron los meses y aunque las relaciones más íntimas constituían un verdadero nexo, comenzó a percibir la presencia de una vibración que no estaba acorde con el conjunto de todo aquel entorno. Poco tiempo después percibió un creciente mal humor y un trato desconsiderado, que le hizo desconfiar de las verdaderas intenciones amorosas de su pareja. Fue en uno de esos momentos cuando acudió a mi consulta y le expliqué qué era una Sinastría y los resultados que podía ofrecernos. Como era de esperar, las relaciones entre Marte y Venus de ambas cartas eran armoniosas, pues el Venus en Leo de ella, se situaba en conjunción con el Marte en Leo de él, estableciendo una favorable y activa relación sexual, que dotaba de base emocional a la relación amorosa, pero, por otro lado, teníamos un aspecto totalmente disonante y difícil de salvar, pues la posición de Plutón en el signo de Virgo de él se encontraba en conjunción con la Luna de ella, coincidiendo con verdaderas tormentas emocionales y situaciones eléctricas que comenzaron a sucederse bajo el desconcierto de ella y lo errático e inesperado por parte de él.

Esta situación prologada en el tiempo acabó por pasar factura emocional a ambos, tal vez más a ella, pues la notaba más “tocada” en todo lo relativo a esta relación de pareja. Le expliqué esta tendencia y les recomendé la visita a un psicólogo, tanto juntos como por separado, los resultados no fueron satisfactorios y por mi parte insistí en que él debía someterse a terapia, a pesar de tener muy claro los resultados de ésta y lo que ambos debían hacer. Finalmente les sugerí una separación temporal, un alejamiento que les diera a ambos la posibilidad de contemplar con cierta perspectiva la situación que venían arrastrando desde hacía tiempo y la consideración de si debían o no, retomar dicha relación. El desgaste de la pareja iba en aumento y elegí para esta separación provisional, unas malas configuraciones a este efecto en la Revolución Lunar de los dos, y la separación pudo realizarse y sostenerse en el tiempo. Un mes después ninguno de los dos quería volver a lo de antes, se sentían liberados de la presión que cada uno ejercía sobre el otro, y aunque sentían un fuerte deseo, éste no fue decisivo para una nueva unión, pues el sufrimiento anterior reiteraba el fracaso de dicha relación.

Sabía que esa conjunción entre la Luna natal de ella y el Plutón de él constituía un verdadero “agujero negro”, un elemento disonante muy difícil de soslayar. A lo largo de las diferentes consultas que mantuvimos, incluso llegué a reunirme con los dos, siempre les dije lo que pensaba, que la relación era incompatible y que debían considerar la mejor manera de acabarla, pues la misma podía derivar en males mayores; aún recuerdo la frase de ella: “ni contigo, ni sin ti”. Finalmente, si se pudo, y en la actualidad siguen separados, lo sé porque mantengo contacto con ambos y cada uno por su lado me hace saber que es lo mejor que pudieron concluir entre ambos, pues la relación estaba condenada al fracaso o algo peor.

 

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