viernes, 17 de junio de 2022

TAN FIABLE COMO UN HORÓSCOPO

En más de una ocasión y en los ámbitos más racionalistas he escuchado esta frase: "tan fiable como un horóscopo", expresión que lleva aparejada una fuerte carga de sarcasmo y burla. Ante una cuestión como ésta uno reflexiona sobre el descrédito que en la actualidad tiene la Astrología, tal vez debida a sus banales prácticas de ensayar indicaciones generalistas sobre los "horóscopos" que podemos encontrar en la prensa. La constante confusión y mezcla entre las distintas disciplinas esotéricas, hacen que el público no distinga con claridad qué es y qué trata la Astrología, acrecentando aún más este desconcierto y desmerecimiento. En otro orden y abundando en esta reflexión observamos que en este mundo todos quieren pronosticar, tener un claro avance del futuro y tener un camino seguro para las propias actividades. Los científicos en función de los datos que obran en su poder, reseñas objetivas derivadas de sus investigaciones junto a elementos estadísticos, aventuran un resultado final, las consecuencias y comportamiento que tendrá un determinado virus o los efectos del cambio climático, avances sobre la subida gradual de la temperatura terrestre y en los años en que tendrán lugar. El sentido común nos dice que todo esto es muy difícil de pronosticar, pues solo tenemos que volver la vista atrás para comprobar cuales de estas previsiones se ha cumplido con exactitud.

Ahora que la economía vuelve a dar que hablar, pues la guerra de Ucrania no cesa y tiene sus consecuencias, la recesión en algunos países es pertinaz y en otros la inflación no para de subir junto a una "prima de riesgo" que igualmente no para de escalar, analizo en la prensa la opinión de los expertos, prestigiados economistas que vaticinan el fin de nuestro modo de vida, así como un próximo crack de la economía mundial. Imponentes y fatales titulares que nos introducen a un futuro lúgubre y distópico, donde debemos prepararnos para lo peor, artículos que bien podrían estar escritos por videntes de quinta fila (con todos mis respetos para los videntes de quinta fila), pues no se distinguen en nada de alguien que haga un avance basado en sus pálpitos e intuiciones, al de un experto en ciencias económicas que ha interpretado una serie de datos e indicadores de un modo muy personal. De nuevo, con toda mi consideración y observancia hacia estos profesionales de la economía, tengo que decir que los vaticinios de algunos de ellos, tal vez los más escuchados por fatalistas, nunca han tenido lugar y que el mundo futuro, que ellos plantearon en un pasado, nunca llegó a ser como habían imaginado, al margen de que ninguno o muy pocos han podido advertirnos de un modo claro de las crisis que se nos venían encima, y que han asolado la economía en tiempos pasados.


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