La tradición astrológica nos habla de la relación existente entre cada planeta y un determinado metal o mineral, siendo elementos afines dentro de la propia naturaleza. Para muchos es sabido la relación del oro y el Sol, de la Luna con la plata y el aluminio, de Mercurio con el propio mercurio, de Venus con el cobre y el bronce, de Marte con el hierro, de Júpiter con el estaño, de Saturno con el plomo, de Urano con el uranio, de Neptuno con el mineral de cinc y Plutón con el plutonio. Pues bien, vamos a prestar nuestra atención a la primera, en la analogía o correspondencia del Sol y el oro. Para muchas culturas de la antigüedad, el Sol estaba considerado como un dios, alguien supremo al cual se le adornaba con los minerales más valiosos que la naturaleza podía dar, el oro, y a lo largo de los siglos la correspondencia de uno y otro han ido tan unidas, como el espacio y el tiempo o la velocidad y la luz, pues uno sin el otro dejaban de tener sentido. En su momento, el oro fue elegido el patrón del dinero, como máximo exponente del valor, las reservas de oro eran algo fundamental en las economías de los países y el regulador de los valores en los intercambios comerciales.
Ayer día 10 tuvimos un eclipse y
como decíamos al principio, si el Sol se relaciona con el oro, la Luna guarda analogía
con la plata. Observen la gráfica del día de ayer para ambos metales, que si
bien es verdad que estos mercados están muy conectados, es curioso contemplar
el importante quiebro en “V” que realiza dicho gráfico, un pronunciado descenso
con posterior subida poco habitual, todo un sincronismo para un hecho tan
especial como un eclipse.

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