jueves, 16 de mayo de 2019

LA LUNA NO ME DEJA DORMIR


El próximo plenilunio lo tendremos el día 18 de mayo, a las 21 horas y 11 minutos, Luna Llena que se producirá a 27º39’ de Escorpio, y a dos días de ese fenómeno Lunar, varios de mis consultantes y amigos me han hecho saber de su dificultad para conciliar el sueño. Durante estos días, en el litoral mediterráneo tiene los cielos despejados y la luminosidad Lunar es otro de los elementos que puede dificultar el sueño, pero según me dicen no es la luz, es algo más. Científicos de la Universidad de Basilea, en Suiza, han realizado estudios y demostrado que los ciclos lunares y los comportamientos de sueño humanos están conectados. Los resultados, publicados en la revista “Current Biology”, sugiere que, en la actualidad y a pesar de nuestro modo de vida, los humanos aún respondemos a los ritmos geofísicos de la Luna. Los datos recogidos demuestran que tanto la percepción subjetiva, como objetiva de la calidad del sueño, fue modificada con los ciclos Lunares.

Las pruebas realizadas con los voluntarios refuerzan la idea que la noción del sueño humano está modulado por las distintas fases Lunares, disminuyendo el sueño en un tiempo medio de 25 minutos, y aumentando la reactividad cortical a los estímulos ambientales durante el periodo de Luna Llena. Por otro lado, la Luna puede influir en los niveles de melatonina, que es una hormona que se encuentra de forma natural en nuestro cuerpo, y que se produce a partir del aminoácido esencial Triptófano, mediante la transformación en la glándula pineal de serotonina en melatonina, y entre sus principales funciones tiene la regulación de nuestro reloj biológico.

En términos menos técnicos, recordemos que la Luna tiene una clara influencia sobre los elementos líquidos de nuestro mundo, el organismo humano tiene un alto porcentaje de agua, representando el líquido intracelular el 40% y el extracelular el 20% del peso corporal, modificándose estos compartimentos líquidos corporales en función de los distintos ciclos lunares, donde cualquier pequeña variación puede influenciar nuestra actividad cerebral, y por lo tanto nuestro estado emocional.


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