Tal vez sean imaginaciones mías u
observaciones sacadas de contexto, pero por lo general esas personas que sé que
tienen a Mercurio junto al Ascendente siempre las veo leyendo o con un libro
entre medias de algo. Mi cuñada, con su potente Mercurio en Leo, en conjunción
con su Ascendente y muy bien aspectado, tiene la manía…, perdón, tiene la
costumbre de hablarme y señalarme con los dedos de la mano derecha introducidos
entre las hojas de un libro, texto que cambia de forma y color con rapidez,
pues sé que es una voraz lectora. Mi amigo Alejandro, con su Mercurio en Aries
junto al Ascendente, siempre come a la vez que lee, un bocadillo o un plato de
pasta, lo que sea, siempre con un libro en la mano o en la mesa, a veces le
pregunto qué leerá de postre. La estampa de mi vecino Antonio podría decirse
que es con un libro bajo el brazo, no en la mano, tampoco en la mesa, ni en el
sillón, siempre bajo la axila y que mueve de un brazo a otro de manera
constante, sus gafas negras, su gran intelecto y sus claros criterios, provocan
en mí una sana envía de tener a Mercurio en Acuario, también junto al
Ascendente. No voy a mencionar a Paquita, otra vecina, que trabaja de
bibliotecaria y que no cree en eso de que tener a Mercurio en Virgo en
conjunción con el Ascendente haya influido en la elección de su actividad
profesional. Como ya digo, son observaciones inconexas, impresiones más que un
serio análisis y algo me dice que tanta casualidad es improbable, pues si
llevara a una fórmula matemática todos estos datos, tanto los precisos como los
imprecisos, darían como resultado estadístico algo imposible o un algoritmo
realmente sorprendente.

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