No hace mucho leía un artículo de
opinión en uno de los principales diarios de mi país y su autor, que abordaba
asuntos serios y reflexiones de gran calado moral, en uno de los puntos de su
retórica, saliendo de contexto y sin venir a cuento lapida la frase “tan fiable
como un horóscopo”. A todas luces esa referencia desentonaba y más aún cuando
se expresa con cierto aire de desdén y suficiencia. No tengo que añadir que
esta referencia me sorprendió, pues no era ni el momento, ni el lugar de
apuntar un comentario como este, y como digo no venía al caso una nota de
censura sobre la astrología. Tan fiable como un horóscopo es sinónimo de la
fiabilidad del pronóstico del tiempo, que en muchos países cuando anuncian una
meteorología despejada, caen lluvias torrenciales y viceversa, tan fiable como
los sondeos políticos antes de unas elecciones sobre una sociología defectuosa,
o las conjeturas económicas de más un catedrático en la materia, que más que un
pronóstico aparecen como profecías, con escaso seguimiento dado su alto margen
de error, pues según algunos expertos hace más de quince años que ningún
pensionista tenía que haber cobrado su renta. Para mí está claro que un mapa
astrológico es fiable, pues señala las pautas y tendencias de un determinado
periodo, advirtiendo de esas poderosas señales que se encuentran en nuestro camino,
constituyendo una importante guía personal.
Hay espacios donde ni la ciencia
tiene un lugar claro y definido, pues cuando se teoriza todo se vuelve más “elástico”,
y la analogía entre las proporciones comienza a resultar relativa, es cuando el
tiempo se arruga y el espacio se pliega, todo ello demostrado con una potente
ecuación que tengo que añadir que resulta… poco fiable.

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