
La vida es un recorrido, una
travesía por un camino que va señalando los periodos de nuestra existencia, el
paso por un sendero que no siempre está iluminado y bajo un horizonte claro y
visible. Muchas veces nuestras capacidades, experiencia e intuición van
alumbrando nuestra senda, pero en cambio, en otras ocasiones, la situación
personal y los caminos a elegir no siempre se muestran claros y fáciles de
seguir, es el momento en que necesitamos un apoyo adicional. El recorrido de
nuestra vida es parecido a la singladura de un buque, debemos trazar y conocer
nuestras cartas de navegación, saber de dónde partimos y donde queremos llegar,
y perder el rumbo las menos veces posibles. Para ello, la Astrología constituye
una herramienta imprescindible, un instrumento que arroja luz en nuestro camino
y que nos advierte de las dificultades que encontramos en la senda, por ello,
el consejo astrológico y la consulta de nuestra Carta Astral ilumina nuestro
entorno, situándonos en un contexto real, o al menos muy cercano a la realidad
de cada persona, otorgando ese oportuno recordatorio de que no perdamos el
rumbo, pues la misma nos devuelve a ese camino que nos hemos fijado. La
sensibilidad de cada persona le hace elegir la forma por la que anticiparse al
futuro y la Astrología es una de las más ciertas y seguras, siendo tan antigua
como el hombre cuyo origen se pierde en la oscuridad, o luz de los tiempos.
La Carta Astrológica constituye
un verdadero reloj biológico, el marco o contexto que señala los periodos de
nuestra vida, indicando momentos muy concretos y constituyendo una verdadera
brújula a la hora de establecer nuestra orientación en la vida. Nuestras
posiciones astrológicas son esos elementos de referencia, síntesis que nos
distinguen y nos hacen únicos en el Universo, por ello, conocer nuestro
Cosmograma es básico para recorrer nuestro camino, seguir nuestro rumbo y
llegar al final del mismo.
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