La ciencia con su formulación y método nos ha llevado muy lejos, siendo el conocimiento de nuestro entorno mucho más amplio y concreto, ya nadie duda de sus procedimientos y de la veracidad de los mismos, pues la ciencia con su conjunto de conocimientos objetivos nos ha llevado a la verdad por el camino más corto, al menos en muchos de los casos. La observación, verificación y experimentación no han dejado lugar a dudas sobre muchas cuestiones de nuestro espacio vital. La ciencia ha procurado una sistematización de los conocimientos, haciendo que los mismos tengan un tratamiento similar en cualquier parte de nuestro mundo, y procurando un mismo entendimiento sobre una determinada materia. Pero qué ocurre cuando una determinada rama del saber, ya sea por su forma y características, no se adapta por completo a método científico, pues como muchos argumentan, este espacio del conocimiento pasa a ser una creencia, un conocimiento devaluado y calificado de relativa utilidad. Algunos conocimientos son mucho más antiguos que el método científico y no todos tienen una perfecta adaptación a esta forma de ver el mundo, de hecho estas sapiencias que no se adaptaron fueron relegadas y consideradas de dudoso valor, siendo la Astrología uno de los aspectos del conocimiento humano, que a pesar de haber vivido siempre con el hombre desde el principio de los tiempos, ha caído en ese espacio donde unos la consideran una creencia, otros una pseudociencia y otros en cambio el mayor compendio de conocimientos que el hombre haya tenido jamás.
En la antigüedad, en las cartas marinas cuando se desconocía la geografía del lugar, se dibujaban monstruos marinos que ilustraban el desconocimiento y los temores de aquellos tiempos, la moderna cartografía ha revelado que no existían tales seres y que aquellas figuras extrañas solo estaban en la mente del que los dibujaba. Monstruos y figuras extrañas que nuestros antecesores dibujaban en las cartas marinas y en los mapas del cielo, los primeros de ellos desaparecieron hace siglos, los segundos aún perduran en el firmamento como una geometría válida, tanto para científicos como para creyentes en forma de signos zodiacales, pues para llegar a la verdad no solo la ciencia es la que abre camino, siendo la creencia compañera inseparable de la primera a la hora de discernir la realidad de la vida, existiendo espacios donde la ciencia no llega y la creencia se abre paso. Como ya decimos, la ciencia sistematiza los conocimientos, pero difícilmente podemos esquematizar emociones, reglamentar nuestros sentimientos o racionalizar nuestros pensamientos, sería como introducir la vida en una hoja de cálculo y esperar a que funcione.
No solo debemos creer en lo que
vemos y percibimos de un modo nítido, la energía solar, el gas o la
radioactividad no se ven pero puedo asegurarles que sus efectos son claros y
patentes, tal vez, lo difícil sea establecer el límite de nuestras creencias,
al igual que limitar esa idea de la ciencia que todo lo puede, que a pesar de
todas sus bondades, sigo creyendo que se ha dejado algo atrás, cierta esencia
que forma parte inseparable de nuestra naturaleza y condición como especie.
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