Aunque solo sea por unos
momentos, cuando se produce un eclipse, ya sea de Sol o de Luna, hay una luz
que se apaga, una energía que se oscurecerse y que instantes después vuelve a
surgir. El eclipse es un fenómeno celeste muy llamativo, pues sus efectos son
muy visibles, y su falta de luz, Solar o Lunar, no pasan desapercibidos. Cada
año podemos observar este prodigio varias veces y en la actualidad se contempla
como un evento astronómico más. Durante este año 2015, se producirán cuatro
eclipses, dos de Sol y dos de Luna, el primero de ellos sucedió el pasado 20 de
marzo y fue un eclipse solar total, el segundo fue el 4 de abril y fue un
eclipse de Luna parcial, el tercero es el próximo que tendremos y será el 13 de
septiembre, siendo un eclipse Solar parcial, y el último del año será el 28 de
septiembre y será total de Luna. Como decíamos al principio, un eclipse es una
luz que desaparece para surgir minutos después, pero bajo las consecuencias que
se producen después de la ruptura de un conducto de energía Solar, o del
cortocircuito de la canilla eléctrica Lunar, y donde sus efectos suelen ser
imprevisibles. Muchos han relacionado a los Eclipses de Sol y su cono de sombra
con determinados hechos, tanto físicos como sociales en la Tierra, ya descritos
en nuestra anterior entrada relativa al pasado eclipse del 20 de marzo.
Algunos afirman que la Astrología
es un natural juego de luces, donde las mismas tienen un lugar fundamental en
el mundo y en nuestras vidas, esta conjugación lumínica es la que define la
energía que mueve el Universo, que dirige los espacios esenciales de la
naturaleza y la creación. Desde el grado Ascendente que orienta y ordena
nuestro mapa astrológico, hasta otras muchas cuestiones donde la luz es ese
elemento esencial que transporta la energía,
haciendo que todo cobre vida y movimiento, tal vez por ello, un eclipse
sea lo contrario a esta cinética de nuestra biosfera, contemplándose como un
hecho antagónico y desfavorable.

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