El inicio de un nuevo año es algo discutible, para la mayoría el año empieza el primero de enero, donde un calendario con poco sentido y escaso apego a los procesos naturales, nos dice que comenzamos un nuevo periodo; un calendario que parte por la mitad las estaciones y que la única orientación que parece darnos, es la de ponernos a todos de acuerdo, de establecer un patrón o calendario comercial. La simple observación de nuestro entorno nos dice que existe otro almanaque, el que la naturaleza nos proporciona y que está en consonancia con nuestros ritmos vitales, teniendo este periodo su comienzo con el equinoccio primaveral. Para muchos el verdadero inicio del año se produce con la entrada de la primavera, pues el equinoccio supone un nuevo comienzo, una renovación, siendo el inicio de un nuevo ciclo vital. Siempre resulta interesante adaptar nuestro espacio personal, nuestra actividad, horas de sueño, etc., a la estación correspondiente, nos sentiremos mejor y más activos, logrando ese sincronismo que nos hará sentir bien. El mundo se mueve, la Tierra gira y se inclina, las horas de Sol no son las mismas y pocas personas se adaptan a estos cambios, realizando unas tareas y horario uniforme para todo el año, sin tener en cuenta las modificaciones que sufre nuestro entorno.Por otro lado, tenemos un tercer inicio de año, que es el día de nuestro cumpleaños, siendo nuestra particular entrada para el nuevo periodo. Es “nuestro particular año” donde sabemos que rigen determinadas configuraciones astrales que señalarán las principales tendencias y donde estamos sujetos a un conjunto de circunstancias astrales propias de ese momento.
Comenzar un año es algo relativo y muchas veces debemos matizar, pues el inicio del año puede ser de un modo muy particular y señalado por nuestro aniversario, de un modo convencional celebrando la “noche vieja”, o siguiendo los ritmos de la naturaleza y celebrando la entrada equinoccial, siendo el verdadero inicio de un nuevo periodo.
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