Como muchos ya conocen, los planetas personales (Sol, Luna, Mercurio, Venus y Marte) se relacionan con la identidad, las emociones y las acciones cotidianas, interviniendo en cuestiones más directas y cercanas. Para algunos, los planetas sociales se limitan únicamente a Júpiter y Saturno. En cambio, los llamados planetas transpersonales (Urano, Neptuno y Plutón) poseen un alcance mayor, actuando más allá del individuo, influyendo en las creencias y en los modos de generaciones enteras, y propiciando grandes transformaciones sociales. Para ciertos especialistas, muchos acontecimientos históricos y cambios en la conciencia colectiva se sincronizan con los movimientos orbitales de estos planetas, que, como sabemos, se encuentran muy alejados y presentan un desplazamiento orbital muy lento.
Tal vez por ello, cada vez que se produce un
cambio de signo de estos tres últimos planetas se originan, de manera
paulatina, importantes transformaciones en tendencias, modas y conciencia
social. Se trata de tránsitos poco frecuentes que generan una fuerza de largo
alcance, modificando el telón de fondo de una época entera, inaugurando nuevos
ciclos y creando puntos de inflexión que marcan un claro antes y después. Hoy,
día 26 de enero, a las 17:14 horas UTC, Neptuno ingresará en Aries de forma
definitiva, pues, aunque desde julio tendrá movimiento retrógrado, recuperará
el movimiento directo en diciembre sin abandonar este signo, en el que
permanecerá hasta marzo de 2039.
Conviene añadir que, entre abril y octubre de
2025, Neptuno ya transitó por Aries, regresando luego a Piscis debido a su
movimiento retrógrado, por lo que hoy asistimos a su ingreso definitivo.
Durante aquel breve paso por los primeros grados del signo, el planeta ya
ofreció algunas pistas de lo que podría traer su recorrido actual. Por otro
lado, es necesario destacar la próxima conjunción entre Saturno y Neptuno, que
tendrá lugar el 20 de febrero a las 17:01 horas UTC, y que podría suponer el
pistoletazo de salida hacia nuevas tendencias colectivas.
Cada planeta transpersonal fue descubierto en un
contexto histórico muy concreto y en sincronía con numerosos acontecimientos
relevantes de su tiempo. Urano fue descubierto en 1781, cuando la electricidad
comenzaba a desarrollarse a nivel experimental, lo que llevó a atribuirle una
naturaleza electromagnética y una relación con el fenómeno eléctrico. Plutón,
descubierto en 1930, coincide para muchos con el inicio de la investigación
nuclear y, poco después, con la era atómica, siendo recurrente su asociación
con este tipo de energía. Neptuno, tradicionalmente vinculado a la
espiritualidad, la compasión, el misticismo y la conexión con lo universal, fue
descubierto en 1846. Dos años más tarde, en febrero de 1848, se publicaba en
Londres el Manifiesto del Partido Comunista, motivo por el cual
numerosos astrólogos han asociado a este planeta con la ideología
socialista-comunista, interpretando que, según su estado cósmico a lo largo de
la historia, así habría sido la fortuna de dicha corriente en distintos países.
Según las tablas más aceptadas de dignidades y
debilidades planetarias, Neptuno tiene su domicilio en Piscis, su exilio en
Virgo, su exaltación en Leo (según otros autores en Cáncer) y su caída en
Acuario o, para algunos, en Capricornio. Uno de los acontecimientos clave para
la ideología comunista fue la Revolución rusa de 1917, cuando Neptuno se
hallaba a 2° de Leo, signo de exaltación. La disolución de la Unión Soviética
se produjo a finales de diciembre de 1991, con Neptuno a 15° de Capricornio,
considerado signo de caída. La caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de
1989, tuvo lugar igualmente con Neptuno en Capricornio, a 10°, favoreciendo los
acontecimientos posteriores en la URSS. El ingreso de Neptuno en Virgo —su
exilio— en julio de 1929, junto con su fuerte arranque en movimiento directo en
mayo de 1930, señala un periodo complicado para el comunismo en Europa,
coincidiendo con el ascenso del fascismo, años de persecución en algunos
países, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el posterior ataque a la
Unión Soviética. Resulta llamativo que, cuando Neptuno ingresó en Libra en
agosto de 1943, la guerra comenzara a inclinarse hacia otro desenlace, dando
inicio a una nueva etapa.
Durante los años sesenta, Neptuno transitó por
Escorpio, signo considerado peregrino, aunque la naturaleza del elemento agua
podría haber resultado más afín al planeta, teniendo en cuenta que su domicilio
se encuentra en Piscis y, según algunos autores, su exaltación en Cáncer. Estos
años coincidieron con el triunfo de la Revolución cubana y con el éxito del
Vietcong en la guerra de Vietnam. No resulta difícil hacer encajar las fechas
y, tratándose de un asunto tan delicado, he preferido no profundizar en la
Guerra Civil Española, cuyo inicio y final se produjeron bajo la influencia de
Neptuno en Virgo y cuyo gobierno de corte izquierdista fue finalmente
derrotado.
Como señalaba anteriormente, se trata de un tema
sensible, ya que cada persona posee sus propias ideas y lo interpretará según
su orientación ideológica. En este punto intento mantener la mayor neutralidad
posible, aunque también mencionaba que la posición de Neptuno en Aries durante
el año pasado ya nos ofreció indicios acerca del rumbo que podría tomar la
directriz histórica. Todos hemos oído hablar del ascenso de ideas más
conservadoras y del retroceso de las propuestas de izquierda. No hace falta ser
astrólogo para percibir hacia dónde apunta el nuevo vector; basta con leer la
prensa. También conviene recordar que las nuevas tendencias las establecemos
nosotros con nuestros votos, pues quedaron atrás los tiempos en los que las
ideologías se imponían por la fuerza. Entiendo que el ideal comunista no
desaparecerá como tal, pero considero que podría atravesar periodos de menor
interés por parte del electorado, al menos durante el tránsito de Neptuno por
Aries.
